La carne y el hueso

«La carne y el hueso no son más que estados alternativos de la materia; tan comunes y moldeables como la arcilla, y tan sencillos y fluidos como la miel.

He necesitado más de ocho años de estudio para alcanzar a comprender tan extraordinaria facultad, y otros tantos para dominarla.

Como se recoge en este impío manual del Escultor de la Carne, el conocimiento de la anatomía del sujeto a manipular debe ser total. El imaginero debe estar capacitado para nombrar, con suma exactitud, cada uno de los trescientos trece nexos telúricos que conforman al ser humano. Bastará entonces con desarrollar los versos que contendrán las instrucciones que deberá seguir cada uno de estos puntos conductores, lo cual requiere otros tantos años más de intenso aprendizaje… Y práctica.

Con los enunciados correctos, puedes convertir a cualquier hombre o mujer en el fruto más elaborado de tu imaginación. Yerra en tan sólo una sílaba, y el resultado del embrujo puede escapar de la admiración para aterrizar en el más insoportable de los espantos

Debo hacerme con nuevos sujetos para mis próximos experimentos».

—Extracto del Cuaderno Rojo.

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