En las noches


Imagen original de https://vityar83.deviantart.com/

«En las noches en las que la luna luce con toda su plenitud, las hechiceras acudían en silenciosa y sórdida procesión a los dominios de los von Vaier. Una por una, las hechiceras ahuecaban sus manos para beber del agua salobre que brotaba de las entrañas de la tierra, mientras la más anciana y cruel de todas ellas entonaba enaltecida sus cantos antinaturales.

Tras terminar el ritual de confirmación con el Corazón del Mundo, el cabeza de la familia von Vaier, regente por aquellas fechas de esa hacienda sacrílega, pozo de adversidad, se acercaba a las féminas para ofrecerle las bendiciones del Dios de la Carne, y éstas, a su vez, le rendían su incondicional pleitesía».

Leyendas populares de Salem.

La Ciencia

El hombre, sumido en el hartazgo de religiones basadas en promesas de eternidad, erigidas sobre deidades de paja, politizadas y corruptas, ha decidido conceder a La Ciencia el timón del navío de su destino.

A La Ciencia, el hombre le ha otorgado el poder de comprender, de predecir, de decidir. Le ha cedido su pasado, su presente, y su futuro.

Cuando frente a los ojos del hombre se representen imágenes sólo intuidas en extraordinarias pesadillas, sus oídos queden repletos de gemidos para los que no existe descripción, y en su mente aterricen pensamientos prohibidos para la razón, entonces, será cuando el hombre comprenda que La Ciencia es incapaz de traspasar los límites de su Realidad; será cuando entienda que en las religiones primitivas se encontraban las claves de su existencia; será cuando asuma que su origen y su fin no son más que el insignificante capricho de una entidad supracósmica e imperecedera.

¿Sabes?

¿Sabes? Sólo se conoce a un hombre que logró resistir hasta el último de los tres actos de la inefable obra teatral de El Rey de Amarillo. Sólo uno se atrevió a traspasar los límites de la cordura con tal de conocer el final de tan infame representación.
Cuentan los que le conocieron, que su satisfacción ante la resolución de la obra fue tal, que gustó en celebrarlo con una muestra de agradecimiento de similar magnitud. Con sus propias manos, arrancó toda la piel de su cara y arrojó sus ojos al escenario, como rosas globulares de celebración.

Cuentan los rumores que aún vaga por los bosques de Nueva Inglaterra, con una tosca máscara que oculta su cara, buscando a alguien con quien compartir los secretos aprendidos; aunque, claro…, sólo son rumores; la obra en sí misma es un cuento para asustar a los niños, ¿no es cierto?