La Ciencia

El hombre, sumido en el hartazgo de religiones basadas en promesas de eternidad, erigidas sobre deidades de paja, politizadas y corruptas, ha decidido conceder a La Ciencia el timón del navío de su destino.

A La Ciencia, el hombre le ha otorgado el poder de comprender, de predecir, de decidir. Le ha cedido su pasado, su presente, y su futuro.

Cuando frente a los ojos del hombre se representen imágenes sólo intuidas en extraordinarias pesadillas, sus oídos queden repletos de gemidos para los que no existe descripción, y en su mente aterricen pensamientos prohibidos para la razón, entonces, será cuando el hombre comprenda que La Ciencia es incapaz de traspasar los límites de su Realidad; será cuando entienda que en las religiones primitivas se encontraban las claves de su existencia; será cuando asuma que su origen y su fin no son más que el insignificante capricho de una entidad supracósmica e imperecedera.

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