La vida tras la vida

Imagen original de https://cinemamind.deviantart.com

«Cuando uno alcanza a dominar casi en su totalidad la materia a la que ha dedicado las últimas cuatro décadas de su vida, la curiosidad termina actuando como un agricultor que mima el suelo sobre el que durante años ha ido sembrando de inquietudes. La solidez de los conocimientos asentados se aplica sobre las ideas postergadas como una suerte de fértil abono que las hace florecer con un brío extraordinario.

Una de las ideas que desde siempre vagabundeó entre los pasadizos más oscuros de mi mente era crear vida de lo que una vez estuvo vivo, haciéndolo sin embargo de una manera un tanto inusual. No se trataría de una mera resucitación del espécimen. No. La cuestión era tratar de animar un compendio de secciones humanas, las cuales, sin un soporte vital complejo y organizado que las unificara, no deberían gozar de derecho a la vida. 

La primera de las pruebas resultó en un éxito rotundo. Tan extraordinaria fue la conclusión del experimento, que la abominación surgida única y exclusivamente de la conjunción de extremidades superiores a un torso deshuesado en el que palpitaba un joven corazón, sostenido éste por un ingenioso sistema de oxigenación de mi propia invención, permitió al engendro sobrevivir sin problemas mayores durante una docena de días. Y sólo fueron doce, porque el monstruo logró escapar de su celda en el sótano de un modo inesperadamente astuto. De no ser así, auguro que podría haber aguantado aferrado a la vida, al menos, un mes más».

—Extracto del Cuaderno Rojo.
Salem, Massachusetts, año de 1862.

La vida contra la naturaleza

«La vida se acaba abriendo camino incluso donde debería encontrarse prohibida. Las leyes que rigen el curso de la carne son hermanas menores de las que gobiernan la conducta del universo, y como tales poseen un límite de extensión, más allá del cual, la naturaleza se rinde ante los obstáculos propios de la química que la compone. Pero el cosmos no es más que un sencillo telón de fondo tras una representación de exquisita complejidad; un dominio de leyes sin nombre, sin límites, y para las que la excepción es un concepto sin posible aplicación.

Yo he conseguido llevar la vida hasta límites impropios de nuestra naturaleza, y las consecuencias resultaron ser tan excepcionales, que mi objetivo vital se convirtió irremediablemente en aprender a traspasar cada uno de los nuevos límites con los que me fuera tropezando. Nada estaría lo suficientemente enfermo como para morir, ni lo suficientemente viejo para desfallecer, ni sería lo suficientemente abominable como para ser erradicado. La vida siempre se abriría camino, a su manera… o a la mía».

—Extracto del Cuaderno Rojo.
Salem, Massachusetts, año de 1801.

La vida

«La vida es como un efímero suspiro en un torrente de melancolía, como un soplo de aire entre una ventisca o un copo de nieve al sol. Un instante en mitad de una eternidad.

Si bien al florecer la noche ansiamos desengranar el espíritu de la carne, y así comenzar de nuevo en el siguiente amanecer, al acercarse el fin de tus días anhelas en cambio el reposo eterno de la inexistencia; descansar, por fin, de los tormentos y las malicias que enturbiaron tus épocas pasadas, y evitar así repetirlos tras el nuevo alba. La carne es débil, y el espíritu, aún más. En cambio, somos sólo unos pocos los que alimentamos nuestro espíritu con esos tormentos y aquellas malicias, los que arrastramos la carne hasta el límite mismo de su caducidad, y no por eso cesa un ápice nuestro apetito. Es en ese momento en el que imploramos su gracia al Dios de la Carne: bendícenos, oh Señor, con tus dádivas, concediéndonos un nuevo amanecer».

—Extracto del primer volumen de las obras completas del barón Maximilian von Vaier.