La vida

«La vida es como un efímero suspiro en un torrente de melancolía, como un soplo de aire entre una ventisca o un copo de nieve al sol. Un instante en mitad de una eternidad.

Si bien al florecer la noche ansiamos desengranar el espíritu de la carne, y así comenzar de nuevo en el siguiente amanecer, al acercarse el fin de tus días anhelas en cambio el reposo eterno de la inexistencia; descansar, por fin, de los tormentos y las malicias que enturbiaron tus épocas pasadas, y evitar así repetirlos tras el nuevo alba. La carne es débil, y el espíritu, aún más. En cambio, somos sólo unos pocos los que alimentamos nuestro espíritu con esos tormentos y aquellas malicias, los que arrastramos la carne hasta el límite mismo de su caducidad, y no por eso cesa un ápice nuestro apetito. Es en ese momento en el que imploramos su gracia al Dios de la Carne: bendícenos, oh Señor, con tus dádivas, concediéndonos un nuevo amanecer».

—Extracto del primer volumen de las obras completas del barón Maximilian von Vaier.

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