Reino fractal

«Nuestras mentes primitivas no están hechas para soportar
aquel mundo que mis ojos vieron al traspasar ese umbral. Si miraba hacia arriba, el horizonte me devoraba desde abajo; si miraba hacia abajo, el cielo mismo me sepultaba desde arriba. Torcer a la derecha significaba girar un ángulo imposible hacia ningún lado; inclinarme hacia la izquierda proyectaba cada línea contra el infinito.

Arriba, abajo. Izquierda, derecha. ¿Acaso tienen sentido las direcciones en un mundo en el que la geometría es una característica inexistente?

Y había vida. Le juro que había vida. La vida de unos muchos que padecían como uno solo. La vida antes de la vida, o la vida tras la vida, ¡quién diablos sabe cómo rigen las leyes en ese universo de pesadilla! Lo único que sabía es que me miraba. Lo que allí hubiera ¡me estaba mirando! Desde todos los lugares y desde ningún sitio, ese ser omnipresente ¡me observaba! Deseaba amarme, o devorarme, o quizás ya me había devorado. No lo sé. Yo sólo quiero volver a casa, quiero volver a casa. Pero ya no recuerdo cómo era. Cómo era mi hogar.

No lo recuerdo. Quizás… No. No lo recuerdo. Yo sólo quiero volver a casa».

—Extracto del diario del Dr. en psiquiatría Dustin R. Schultz. Boston, 9 de enero de 1909.

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