Silencio


Imagen original del maestro Zdzisław Beksiński (1929-2005)

Silencio. Sólo silencio. Las atormentadas almas de los ciudadanos de Salem sólo pedían silencio. Tras décadas de sufrimiento y temor arrastrando el pesado yugo de la hechicería pagana, ese osado extranjero llegó para vomitar todos sus pérfidos augurios sobre los ya cansados oídos de los lugareños.

Silencio. Sólo silencio.

El viejo, ajado y marchito, respondía los insultos recibidos con torrentes de presagios ponzoñosos. Farfullaba sus malignos pregones a los desgastados campesinos con la terquedad de una mula vieja, clavando sus afiladas palabras en lo más profundo de sus corazones.

Silencio. Sólo silencio.

Lo despidieron a pedradas, y sin embargo volvió. Lo despidieron con fuego, y sin embargo regresó. Cuanto más dolor recibía, cuanto más odio y temor generaba, más intensas y malsanas resultaban sus profecías, escupidas por la boca de un mesías de la calamidad. Le cortaron la lengua, le sacaron los ojos, cosieron entre sí sus labios y cerraron para siempre su malograda boca; incluso así, aún escuchaban sus cantos blasfemos durante sus sueños tornados en recurrentes pesadillas.

Silencio. Sólo clamaban silencio.

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