Maestría

«La maestría solo se alcanza con la perseverancia. El que esculpe la carne y el hueso tiene que practicar tanto, si no más, que el que cincela la roca o talla la madera. Madera y roca son firmes, son nobles con el afán del imaginero, son accesibles; el músculo en cambio es maleable, el hueso frágil. La carne es rebelde, es desobediente, poco accesible.

Los animales: el conejo, el zorro, el cerdo, el caballo… Las bestias y alimañas aportan al artista lo que al aprendiz de alfarero un pellizco de arcilla. Pero los maestros, los maestros necesitan trabajar sobre la roca madre, sobre el mármol impoluto de la veta más lustrosa. Como diestro moldeador de la carne necesito del hombre y sus pasionales atributos para que mis obras florezcan. Y sin embargo, incluso Miguel Ángel acababa errando en sus cinceladas, solo que lo que él resolvía desechando un cascote de roca desperdiciado, para mí resulta en lidiar con un espanto antinatural, vivo sin el derecho a la vida».

—Extracto del Cuaderno Rojo.
Salem, Massachusetts, año de 1856.

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