A su debido tiempo

«—Para el más vasto común de los mortales, mi joven aprendiz, la muerte suele ser el más implacable de los temores. Conmigo aprenderás hasta qué punto sus lacios corazones se hallan equivocados. Entenderás cómo el mayor de los miedos no debe ser nunca la muerte, sino el vivir cuando deberías haber perecido. La vida es una hermosa melodía que puedes sostener mucho más allá de la última de sus notas, como una suerte de sinfonía del horror prohibida para los sentidos.
—¿Y cómo es eso, maestro?
—Alzándote como la directora de la orquesta, mi hermosa hechicera; levantando la batuta justo en el momento en el que la armonía cesa, clamando a los tambores infraterrenos y a los solemnes trombones de las eras pretéritas.
—Enséñame, maestro.
—A su debido tiempo, joven Eloysse. Aprenderás a trasladar la vida desde la carne a la arcilla, al agua, a la madera o a la roca. Sabrás cómo encerrar un alma en una pared encalada, donde no podrá hacer otra cosa que temer por seguir viva, cuando debería haber perecido.

A su debido tiempo.»

—Extracto de la exhortación del barón Stephan von Vaier a una de sus aprendices, durante uno de los aquelarres en Saltwaters Manor, Salem, Massachusetts. Agosto de 1601.

El tiempo

Dicen que el tiempo lo cura todo.

Dicen que el tiempo nunca se acaba, que nunca se detiene. Dicen que el tiempo es lo más valioso: cuando amas a alguien de veras, el mayor de los regalos que puedes ofrecerle, es tu tiempo. El Tiempo. Y sin embargo, para muchos otros el tiempo no es sino el más imperecedero e implacable de los enemigos, es la soga invariable que les impide alcanzar el fondo del pozo por el que se precipitaron. Para aquellos afortunados que lograron siquiera atisbar el rostro de alguno de los emisarios de nuestros Verdaderos Creadores, el tiempo es el mayor de sus pesares: una tortura para la que no hay descanso, un tormento para el que no hay salvación.

El Tiempo.

Las piras


Imagen original de https://chenthooran.deviantart.com/

Para finales de 1693, ya habían sido veintiséis las veces en las que las piras habían vomitado toda su furia ígnea contra los demonios que habitaban entre las gentes de Salem. Todos, curiosamente, disfrazados de mujer. Todas, curiosamente, tachadas de brujas.

Con el poder purificador del fuego, los hastiados campesinos, guiados por la vehemencia de sacerdotes cristianos educados en la más torva delas ortodoxias, creían que los males que los asolaban quedarían sepultados bajo las cenizas de las pecadoras. Nada más lejos de la realidad. Nada más cercano al tormento verdadero.

Con el fuego avivaron aún más el mórbido apetito de sus Señores. Sus Primordiales Majestades, desde sus tronos posados sobre las estrellas más lejanas, miraban indiferentes el crepitar de los huesos de las infelices, con el mismo interés que un marino le presta a una gota de agua sobre el océano.

Silencio


Imagen original del maestro Zdzisław Beksiński (1929-2005)

Silencio. Sólo silencio. Las atormentadas almas de los ciudadanos de Salem sólo pedían silencio. Tras décadas de sufrimiento y temor arrastrando el pesado yugo de la hechicería pagana, ese osado extranjero llegó para vomitar todos sus pérfidos augurios sobre los ya cansados oídos de los lugareños.

Silencio. Sólo silencio.

El viejo, ajado y marchito, respondía los insultos recibidos con torrentes de presagios ponzoñosos. Farfullaba sus malignos pregones a los desgastados campesinos con la terquedad de una mula vieja, clavando sus afiladas palabras en lo más profundo de sus corazones.

Silencio. Sólo silencio.

Lo despidieron a pedradas, y sin embargo volvió. Lo despidieron con fuego, y sin embargo regresó. Cuanto más dolor recibía, cuanto más odio y temor generaba, más intensas y malsanas resultaban sus profecías, escupidas por la boca de un mesías de la calamidad. Le cortaron la lengua, le sacaron los ojos, cosieron entre sí sus labios y cerraron para siempre su malograda boca; incluso así, aún escuchaban sus cantos blasfemos durante sus sueños tornados en recurrentes pesadillas.

Silencio. Sólo clamaban silencio.

La oscuridad


Imagen original de https://darkcloud013.deviantart.com/
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Nos asusta la oscuridad, creemos. Nos asusta la soledad, creemos. Y sin embargo, cuando estamos a oscuras, a solas, en la seguridad que proyectan las paredes de nuestro hogar, nos sentimos a salvo, invencibles.

En realidad, tememos a lo desconocido, tememos a lo inesperado. Recorremos un callejón oscuro y aceleramos el paso sin dejar de arrojar miradas furtivas a nuestras espaldas; transitamos elsubsuelo de nuestras ciudades esperando que desde aquella esquina aparezca la muerte en la forma de cualquier delincuente común. Tememos a lo incontrolable; tememos, y tenemos motivos, porque no es necesaria la oscuridad ni la soledad para toparnos con la simiente de aquellos dioses que nos crearon en edades antediluvianas; porque no es necesario invocarlos para que vengan; porque se mueven caprichosamente entre Allá y Acá, a voluntad: a la suya.

Tememos, y tenemos motivos.

A luchar contra el Diablo


Imagen original de Sanskarans

El hombre contemporáneo cree tener control sobre su existencia. Piensa que lo vivo y lo muerto le pertenece. Por medio de la ciencia de lo conocido, lo desconocido se resuelve alcanzable: sólo basta estirar un poco más el brazo para tocarlo con la punta de los dedos. Para aquellos a los que lo entendible les resulta de una insipidez insoportable, las religiones modernas llenan sus corazones de falsas esperanzas.

Sin embargo, cuando la osadía del hombre despierta Fuerzas más antiguas que su propio origen, y más indomeñables que el continuo fluir del universo, es cuando lanzan a sus sacerdotes titulados a luchar contra El Diablo, armados con la más bendita de las aguas benditas y la más inmaculada de las cruces inmaculadas. 

A luchar… Contra El Diablo…

No ha lugar para El Diablo en una tierra que no le pertenece. No existe amparo para un ser inferior ante entidades tan primordiales.

Obras maestras


Imagen original de https://samize.deviantart.com/

Lo que unos llaman abominaciones, otros lo llamamos obras maestras.

Cuando consigues sumar la constancia de los eones a la sabiduría del universo primordial, y le añades todo el poder de la naturaleza más salvaje, tan sólo queda implorar a los Dioses Verdaderos para que viertan la Gracia de sus antojos sobre tu creación. Es ahí, en ese justo momento, cuando las cien vidas de estudio se vuelven fructuosas; cuando los sacrificios pasados se tornan en gloria; cuando el sufrimiento demuda hacia la satisfacción. Es cuando tu ansiado retoño emerge de las profundidades más oscuras hacia el cielo infinito para colmarte de orgullo y de gozos; cuando sus actos no pueden hacer otra cosa que purgar la faz de la tierra de todo lo inmundo, y devolverle la gloria de las eras pretéritas.

Lo que unos llaman abominaciones, otros lo llamamos obras maestras.

Desde las orillas


Imagen original de https://krasblak.deviantart.com/

«Y desde las orillas del lago Hali, El Innombrable se asoma al balcón del universo, husmeando entre las estrellas más cercanas y entre las galaxias más distantes. Sus largos dedos se estiran hacia el infinito, enroscándose en los corazones más débiles.

Y desde las orillas del lago Hali, El Innombrable se asoma al balcón del universo, esperando». 

—Extracto del diálogo de Cassilda, en el primero de los tres actos de la obra El Rey de Amarillo.

La carne y el hueso

«La carne y el hueso no son más que estados alternativos de la materia; tan comunes y moldeables como la arcilla, y tan sencillos y fluidos como la miel.

He necesitado más de ocho años de estudio para alcanzar a comprender tan extraordinaria facultad, y otros tantos para dominarla.

Como se recoge en este impío manual del Escultor de la Carne, el conocimiento de la anatomía del sujeto a manipular debe ser total. El imaginero debe estar capacitado para nombrar, con suma exactitud, cada uno de los trescientos trece nexos telúricos que conforman al ser humano. Bastará entonces con desarrollar los versos que contendrán las instrucciones que deberá seguir cada uno de estos puntos conductores, lo cual requiere otros tantos años más de intenso aprendizaje… Y práctica.

Con los enunciados correctos, puedes convertir a cualquier hombre o mujer en el fruto más elaborado de tu imaginación. Yerra en tan sólo una sílaba, y el resultado del embrujo puede escapar de la admiración para aterrizar en el más insoportable de los espantos

Debo hacerme con nuevos sujetos para mis próximos experimentos».

—Extracto del Cuaderno Rojo.

El velo


Imagen original de https://dloliver.deviantart.com/

El velo que separa el universo tangible del cosmos primordial es blanco y acuoso, como la leche; ligero, pero flexible, como la tela; recio y traslúcido, como el papel. Algunos ilustrados intentaron, después de décadas de intenso estudio, escudriñar a través de las diminutas fisuras entre sus pliegues inmaculados, con el afán de conocer qué se levanta detrás de ese velo níveo.

Algunos, resultaron afortunados. Algunos, ahora conocen. Algunos, ahora comprenden. Algunos, ahora lamentan.